jueves, noviembre 03, 2005

Insólitos

Y entonces llega el día en el que me levanto con tortícolis. Eso sí que es dolor de cuello y lo demás son tonterías. No puedo doblarme, ni girar la cara, ni nada que implique un mínimo movimiento entre mi tronco y mi cabeza. Es el día ideal para cruzarme repentinamente con un chico joven que anda desnudo por la calle Paseo de Gracia de Barcelona. Sólo una mochila bandolera y unos calcetines y deportivas visten su cuerpo. Y eso es todo lo que puedo decir. Le seguía un tumulto de individuos haciéndole fotos con el móvil. Como una gran nube de moscardones. Y yo no pude girarme para ver mejor. No vi ningún distintivo estilo PETA o cualquier otra organización en contra del uso de pieles de animales para vestir.
Y al día siguiente me duele menos el cuello. Y vuelvo a montar en el metro, como todos los días de trabajo. Por la mañana, cuando todos vamos en lata de sardinas. Ese hombre, de unos 60-65 años. Aseado. Parece recién duchado. Se acerca porque no cabemos. Y veo que de la espalda le sube una cucarachilla hacia el cuello de la chaqueta. Me alejo rápidamente impulsada por un pavor que puebla todas y cada una de mis células. Vuelvo a mirarle y otra cucarachilla sale de otro lado de él y se le mete esta vez por el cuello de la camisa. No se si seguir mirando.
Voy en tren. A un lado tengo el retrete del vagón. Únicamente entran hombres y cada uno se está un rato. Me fijo en el olor que desprende el lavabo. Todos entran a fumar. Y hacia el otro lado la ventana. Veo muchas edificaciones en construcción. Y me asalta una gran duda: Si no destruyen edificaciones, no hay suelo que vuelva a ser virgen, y cada vez somos menos porque la natalidad ha descendido de forma dramática… todas las casas que se están haciendo a un ritmo infernal, utilizando cada cachito de suelo edificable del país… todas esas moradas reinado de las constructoras…. ¿para quién son?
Y entonces el coche nuevo llega a las manos del hombre ciruela. Una cosita negra deliciosa. Una joya de cuatro ruedas. Un gran premio. Y tengo que volver a Barcelona, y él me lleva en su nueva adquisición. Los dos miramos hacia delante, y de pronto ambos vemos una estrella fugaz. Una luz que se desplaza en el cielo oscuro y repentinamente desaparece. La primera estrella fugaz que he visto en mi vida. Y me ha hecho mucha ilusión. Nos hemos mirado. Y hemos pedido un deseo.


Cierra los ojos. Pide un deseo.