Qué será, será...
Y se sienta en un sofá, mira hacia delante, sonríe, y comenta que no tiene claro qué va a hacer con su vida. Tiene claro que el curro actual no es el trabajo de su vida. No se ve yendo allí cada día durante el resto de su caramelo. No tiene claro qué es lo que quiere hacer, a qué puede dedicarse. Ni tan siquiera tiene claro qué es lo que le llenaría.
Escuchaba sus palabras con gran atención, como si fueran un tesoro. De vez en cuando dejaba de prestar totalmente atención y pensaba “sí, yo sé que las traducciones, tal y como las hago ahora, me llena”. Y me sentía feliz por mí, y con ciertos aires de compasión por mi peteta.
Hasta que esta mañana estaba a punto de acabar una traducción que tenía que entregar. Y sólo quería acabarla para tener unos días libres. Entonces me he dado cuenta de que yo no tengo tan claro que esto me llene. Es decir, ahora está muy bien, me divierte, es más, me lo tomo como un juego. Varias veces he dicho y he pensado que aunque no me pagaran, haría las traducciones igual. Porque es una tarea que me seduce. La pregunta es, ¿durante cuántos años?... ¿me imagino a mí misma dentro de 30 años delante del ordenador, con dolor de rodillas, de ojos, y de muñecas, traduciendo hasta la saciedad? ¿Tal vez me falta encontrarle el orden al trabajo de forma que no sea algo tan agotador?... ¿Estaré con 50 años delante de un ordenador tal que este, traduciendo, y disfrutando tanto como ahora? ¿Me llena traducir?.... y las respuestas no son tan halagüeñas como deberían… When I was just a little girl, I asked my mother. What will I be? Will I be pretty, will I be rich?
Whatever will be....






